martes, 9 de enero de 2007

Hoy

Es raro… me siento contento, feliz. Lloré lo que tenía que llorar. ¿Y por qué ya no me siento triste? ¿Por qué enfrascarse en un solo momento, en el final, cuando vivimos muchísimos momentos hermosos? ¿Debería sentirme mal y triste porque mi corazón sigue siendo tuyo y te sigo amando y no sea ya correspondido?

No, no tengo motivos. Me gusta pensar que no nos hemos separado, que seguimos juntos como amigos. Sería muy doloroso fingir y tratar de olvidar que nada pasó, y además no veo el caso de hacerlo. Uno no olvida los buenos momentos de la vida ni a las grandes personas, mucho menos a las personas que hacen mi vida especial. Y me gusta pensar que tenemos la amistad y el cariño, el aprecio mutuo. Y me gusta pensar que los dos seremos felices, y que los dos cumpliremos nuestros sueños. Y me gusta pensar que tengo la fortuna y el orgullo de conocerte.

¿Y ahora qué? Seguiré haciendo lo mismo de siempre; seguiré siendo el mismo de siempre, el que siempre has conocido: iré a todos lados solito como siempre, y de vez en cuando saldré con mis amigos, seguiré cuidando mi jardín, seguiré caminando vagando por la ciudad, seguiré aprendiendo de la vida.

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